miércoles, 14 de abril de 2010

40 castañas.

En silencio, apostada entre el suceder de los días, esperando su momento, me ha llegado el día de mi cumpleaños y con él la temida crisis de los 40.

Ya la venía notando desde hace algún tiempo, mi amiga IRM ha sido testigo de ello, pero hoy la he notado con más fuerza y se me clava un alfiler más con cada "feliz cumpleaños" que escucho. Desde hoy tengo 40 años, se acabó la cuesta arriba y empieza la cuesta abajo, el declive, el deterioro, el inevitable camino hacia el fin de lo vivido.

No tengo queja de los 40 primeros, he tenido de todo, he vivido a tope lo bueno y lo malo de cada experiencia. De algunas experiencias saque conclusiones que me han servido después, de otras no saque nada pero fueron igual de intensas e interesantes. Las mejores, las vividas en mi primera juventud: amistad, amor y desamor, estudios, trabajo, desenfreno,... También estas han sido las que mas me han aportado en lo vivido posteriormente y me han ayudado, por ejemplo, a entender a mis hijas.

Mis hijas, lo mejor de estos 40 años, no cambio la experiencia de la paternidad por ninguna de mis vivencias pasadas o futuras. Recuerdo todos y cada uno de los segundos transcurridos a su lado, su llegada la mundo, sus primeros pasos, sus primeras palabras, sus primeras emociones y decepciones, ..., y ahora, mas mayorcitas, sus primeras experiencias de juventud que, como las mías, van de la mano de la amistad, los estudios, la jarana, el amor y el desamor.

No me arrepiento de estos primeros 40 pero me preocupan los próximos. En esta crisis, dicen, es cuando uno se compra el deportivo, tiene el teléfono más pequeño y el ego más grande. En mi caso el ego anda de capa caída, mi móvil es enorme y como no tengo un euro lo del deportivo se me antoja alejado de mis posibilidades.

Estoy pensando en hacerme un tatuaje como prueba de rebeldía cuarentona.

Un saludo


martes, 2 de febrero de 2010

Odio a las personas que hablan con las manos.


Quede claro que no me refiero a aquellos que utilizan la lengua de signos. Me refiero a esas personas que necesitan tocarte, manosearte o golpearte para hablar.

Esto me ocurre desde hace tiempo, cada vez que alguien me golpea o manosea mientras me habla, siento un desagrado directamente proporcional a la efusividad del toqueteo. Hace tanto tiempo que me ocurre que he empezado a fijarme en si esto es algo casual, algo que solo me ocurre a mi, o si por el contrario es mas habitual de lo que parece.

Mi conclusión es que todos, incluido yo (para mi sorpresa), necesitamos del tacto para reforzar nuestras conversaciones pero ¿es necesario el golpeo, el apretón injustificado, el manoseo desagradable?, creo que no. Por otra parte, esta necesidad del tacto en las conversaciones ¿será una consecuencia directa de la falta de uso de otros sentidos para comunicarnos?. Durante años, el lenguaje gestual ojos-boca-cara, era nuestro apoyo para reforzar una conversación; ahora, después de años comunicándonos a través de una pantalla o un teléfono, ese lenguaje ha desaparecido casi por completo y necesitamos de otras "muletas".

Tengo que aceptar que sea así pero, por favor, cuando me veas no me golpees, no me aprietes, no me manosees mas de lo necesario. En contra de lo que te pueda parecer ni es gracioso ni es agradable.

Un saludo

jueves, 10 de diciembre de 2009

Felicitaciones Navideñas

Ya lo dije el año pasado. Siempre me ha parecido muy difícil buscar un conjunto de palabras que contengan los sentimientos y deseos felices que me gustaría trasmitiros en estos días, no encuentro nada original, nada que no se haya escrito ya antes.
Cuando, por fin, decido dejar de buscar y paso a escribir solo me sale el consabido:


Feliz Navidad y prospero Año Nuevo 2010, que el próximo año venga cargadito de ilusión, salud y éxitos personales y profesionales, que seáis muy felices y no solo en Navidad.


Cuidado con los Reyes Magos y el barbudo de rojo que este año le quitan los regalos a los buenos para darselos a los banqueros.


De todo corazón,
Triceratops

P.D.: También como el año pasado, os dejo una postal de Belén.





martes, 1 de diciembre de 2009

Que le den vacaciones a la Parca.

Ya he comentado alguna vez el agujero que me produce en el estómago el hablar de la muerte. Ya he comentado que me horroriza pensar en lo sibilina que puede llegar a ser, hoy estás bien y mañana quién sabe. Solo hace unos días que escribí sobre la muerte de un amigo de mi hija y hoy, nuevamente, vuelvo a escribir sobresaltado con la noticia de la muerte de una persona querida para mí.

Me costó ponerle cara, hacia tantos años que no nos veíamos que tarde en reaccionar. Cuando por fin lo hice los recuerdos empezaron a amontonarse en mi cabeza, años y años de recuerdos, siempre felices al lado de este compañero de juegos. Era una persona algo introvertida pero se esforzaba por integrarse en un grupo que no siempre entendía que sus prioridades, sus intereses o su forma de pensar no fuera la misma que unía al resto. No en vano, sin ser el centro de atención, era la persona que contaba un chiste en el momento adecuado, tenía una idea siempre que a los demás nos escaseaban, una palabra amable cuando la necesitabas,... era de esas personas que sin hacerse notar, sin necesitar aprobación era y estaba cuando había que "ser" o "estar".

La vida nos llevó a todos por caminos distintos y aunque con algunos me ha sido casi imposible mantener la comunicación, siempre he sentido que están ahí y que yo les estaré esperando cuando la vida decida volvernos a juntar. Ahora la Parca ha decidido que ese reencuentro contigo no se produzca jamas y entonces me he dado cuenta de que te echaré de menos. De todas formas te encontrarás con amigos ayoinos que también nos faltaron hace ya algunos años, dile a Carlitos y a Hector que a ellos también se les echa de menos.

Un saludo